En breve
El pasado 14 de octubre, Netflix finalmente estrenó su nueva serie de Splinter Cell. Más de una década ha pasado desde la última entrega – que reseñamos en Early Game News, link aquí – y, siendo brutalmente honesto la verdad, mis expectativas eran bastante bajas. Tras algunas apariciones y referencias en otros juegos, sumadas al absoluto silencio sobre su próximo remake, a estas alturas cualquier cosa que recibiéramos era mejor que nada.
Afortunadamente, Splinter Cell: Deathwatch cumple lo suficiente como para dejarnos conformes.

En lo técnico, la serie de ocho episodios sorprende con una gran calidad y manufactura. Las animaciones son fluidas, con excelentes coreografías y momentos sorprendentes gracias a una buena combinación de composición, música y tensión. Sus personajes son entrañables, y Sam Fischer logra transmitir una sensación de nostalgia y satisfacción de que finalmente volvió. Y pese a que se extraña un montón la icónica voz de Michael Ironside, aquí Liev Schreiber saca a relucir todo su talento actoral para darnos un trabajo sobresaliente y que está a la altura de nuestro agente favorito.
Si bien los nuevos personajes no se alcanzan a desarrollar por completo, estos sí logran despertar un genuino interés por conocerlos. Aunque, quizás aquí radica uno de los mayores problemas de la serie: todo se siente extremadamente apresurado. La serie no se detiene, no nos deja empatizar con personajes nuevo como Zinnia o Thunder. Y otros como Grim, que quizás sea uno de los más interesantes del juego, solo logra ser atractivo por el factor nostalgia.
Su trama es bastante genérica para los estándares de este tipo de entregas, pero logra construir bastante bien los momentos de tensión. Sin embargo, su decisión de hacerla más accesible al público general, para que cualquiera pueda verla y disfrutarla, le termina jugando en contra. Los conflictos se solucionan tan rápido que ni siquiera alcanzas a tomarle el peso a cada acción de los personajes, y mucha de la profundidad que tenían los conflictos principales de la saga, como se ven en juegos anteriores, aquí están simplificados casi al máximo.
Pero no todo es malo, pues, en primer lugar, debo destacar el gran trabajo de Derek Kolstad, creador de personajes tan icónicos como John Wick o Hutch Mansell de Nobody, al tomar un personaje como Sam Fischer y transformarlo para que funcione en una serie animada. Podemos disfrutar de su faceta más sigilosa con artefactos y momentos que a más de alguno le traerá recuerdos de sus partidas y también disfrutar de brutales secuencias enfocadas en la acción que nos han dado sus últimas entregas.
Y digo brutales porque la serie se atreve bastante a ser cruda y explícita.
Por otra parte, también hay que destacar la buena dirección de Guillaume Dousse (Love, Death & Robots, S1, E17), que nos da un ritmo perfecto entre secuencias alucinantes y una tensión palpable. Las peleas se ven de una gran manufactura, y la combinación de animación tradicional con 3D le viene perfecto a la serie.
Splinter Cell: Deathwatch es, sin duda, es una carta de amor para sus fanáticos. Trae consigo grandes homenajes y guiños a los momentos más icónicos de la franquicia, pero también se atreve a presentar nuevas cosas e introducirnos una nueva coprotagonista que, aunque no alcanza a formar un lazo más fuerte con el espectador, si logra ser interesante, lo suficiente para las futuras entregas. Porque sí, ya se ha dado luz verde para una nueva temporada.
Es claro que no todos pueden crear un Cyberpunk: Edgerunners, pero se agradece el intento por darle algo a un fandom tan abandonado como el de Splinter Cell.
Aunque Ubisoft ya debería ponerse las pilas y darnos de una maldita vez una nueva entrega de la saga.






